comenzamos

Ya ha comenzado nuestra aventura de este año. Perú, un país que siempre nos ha llamado la atención. Hace ya meses compramos los billetes de avión un poco para ahorrarnos unos euros en el precio y un poco también para no tener ya opción a echarnos para atrás. Aunque después de los resultados electorales y el devenir político de nuestra actualidad difícilmente renunciaríamos a escapar de la cloaca. Mas bien todo lo contrario; estamos encantados de haber elegido un destino que está en las antípodas de nuestros patéticos conciudadanos, esos a los que les quitan todo tipo de servicios, derechos, libertades e incluso les roban de forma evidente y continuada, pero en su ignorancia mantienen al cacique, avivando la involución histórica de nuestra sociedad. Así que con la higiénica necesidad de vaciar la cabeza de nuestra triste situación laboral, social y política nos vamos con la única pena de saber que en algún momento tendremos que regresar.

Como suele ocurrir cuando haces un viaje a un destino lejano, los desplazamientos suelen ser algo durillos. El que algo quiere, algo le cuesta, así que aquí estamos, en el vagón de un tren que avanza a 60 km/h? como mucho en dirección a Madrid, parando en cada pueblo del camino e incluso donde no hay pueblo, ni ciudad, ni nada, esperando que otro tren se cruce para poder seguir avanzando por la única vía y eso sí, dando unos cuantos rodeos. El romanticismo del viaje en tren se pierde al comprobar lo que es la “alta velocidad” cuando se trata de ir o salir de Galicia. O cuando definitivamente tu portátil se apaga porque no tienes un triste enchufe donde cargar la batería.

Pasamos la tarde y la noche en Madrid. El ambiente es fenomenal aunque la mayoría de la masa está formada por turistas. Hace calor pero corre una agradable brisa. Tomamos unas tapas de fantásticos jamones de diferentes tipos y comprobamos por enésima vez lo mal que tratan al vino en la capital. No diferencian un crianza, de un reserva, ni que el Tempranillo no hace referencia a la maduración en barrica. Es mas en muchos locales “con solera” solo existe una marca; “pata negra” que por cierto no nos gusta mucho. En otros, el vino está inevitablemente amontillado, demasiado frío o demasiado caliente,… Por fin nos damos cuenta que la mejor forma de tomar vino en la capital es a lo guiri: en forma de sangría… y la verdad es que nos proporciona buenos momentos.

En este momento estamos la teminal 1 del aeropuerto de Barajas. Nuestro vuelo se ha retrasado dos horas, pero estamos entretenidos observando a una de las familias gitanas del reality “gipsy kings” que se han sentado cerca de nosotros. El vuelo se retrasa dos horas. 

Tras once horas atravesando el Atlántico y sudamérica a lo ancho, llegamos por fin a Lima. Cogemos un taxi que nos trae a un fantástico e inmenso apartamento en Miraflores, el lugar que hemos elegido como base para conocer la ciudad.


Por fin salimos. Es tarde y hace frío. Eran ciertas todas las advertencias sobre que aquí es invierno.




Muy pronto, por la mañana, llegamos a nuestro primer destino, la plaza Mayor. Es preciosa, luce limpia y con una impresionante presencia policial. En unos días será testigo de grandes ceremonias por la celebración de el día de la Patria. Desde la fuente de bronce se domina la visión de todos los edificios que la integran. Destaca la catedral.







 Previo pago, visitamos el interior de la gran catedral. En su interior se encuentra la tumba de Pizarro, el conquistador y en sus criptas, algunos otros tesoros morbosos.







Mómias y esqueletos con su vestuario mortuorio.
Féretros infantiles. 




En iglesias aledañas podemos encontrar otros tesoros:




A las 11:45 se junta una multitud delante del palacio del gobierno animados por la banda militar que toca brillantemente, conocidas melodías peruanas impregnadas del característico sabor andino que mueven los pies y caderas de los allí congregados. Y a las 12. TACHAAN!! El cambio de guardia. Como ocurre en Londres pero mucho mas animados por la música de la banda, los soldados desfilan a paso de aurresku, mas o menos acompasados. No sabemos muy bien cómo calificar este espectáculo. 










Tras recorrer las calles intermedias llegamos a otra monumental plaza de San Martín. en el centro la estatua del general libertador de Peru de manos españolas.





Ya muertos de cansancio regresamos a Miraflores, cerca del parque Kennedy hay un montón de Hostelería que nos pone en contacto con masas de peruanos pasando un buen rato, reponiendo fuerzas, comiendo o tomando algo. Nosotros hacemos lo mismo y vamos tomando contacto con los sabores, los platos y otros productos muy interesantes que se dan y ofrecen en estas tierras.

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