Varanasi


Benares, ciudad de destino final de los hindús, es también nuestra última parada. Un gran viaje espera a todo el que desea visitar esta reputada ciudad. Se suele decir que el que no ha estado en Varanasi no ha estado en la India, algo con lo que no estamos para nada de acuerdo. En esta época del año los monzones han llenado los ghats de agua del mítico río Ganges. No se pueden recorrer los dos kilómetros de rivera escalonada mas que adentrándose en la ciudad antigua para salir al río al final de la siguiente callejuela. El aire refrescante nos dirige siempre hacia el gran río. Nos tomamos nuestro tiempo, pero reconozco avergonzado, que no pude evitar pisar por despiste el "símbolo" de un Dios, ante el pavor de los que estaban alrededor. Los rituales ya vistos en otras poblaciones se repiten. Pero además, al finalizar su vida, muchos hindús son incinerados en el ghat Manikarnika, sus restos se echan al agua y toca reencarnarse o unirse al universo.  Poco puedo decir ya que no haya contado antes, salvo lo anterior y que hay mas extranjeros. 




































Como final de viaje quiero hacer una pequeña  evaluación se que quizá precipitada, aun en caliente. Antes de nada, decir que aunque en la India te encuentres en situaciones a las que pocas veces te enfrentas en tu entorno cotidiano, estás rodeado de gente que no tiene nada literalmente mas que las consecuencias de esa pobreza extrema, o sea analfabetismo, enfermedades, deformidades ... increíblemente, a pesar de todo eso, tu estás seguro. La gente te respeta y a lo sumo algún niño o similar se pondrá algo pesado pidiéndote una limosna. Digo increíblemente por que efectivamente el pacifismo de estas gentes no es normal. Algunos ven en esta espiritualidad una bendición, a mi me parece que como toda religión no es mas que una condena eterna para las clases desfavorecidas. Sobre las cuestiones de higiene tampoco voy a centrarme ahora, el que me ha seguido ya sabe lo que he ido describiendo. Aunque no lo creáis, he sido lo mas sutil que he podido. Otra cuestión es la que se refiere a ese respeto por el mundo animal que ya he mencionado tambien en otra ocasión. Aunque no podemos decir que no hay explotación animal, y la contaminación severa degrade muchos ecosistemas (en estos días han aparecido perros azules tras bañarse en un río cerca de Bombay contaminado por una empresa de detergentes) la mayoría de la gente no come animales y los seres vivos son confiados respecto a los humanos. Esta diversidad de animales no la hemos visto en ningún otro lugar del mundo. 

Hemos estado 31 días en este país. Normalmente suelo comentar que para que un viaje cumpla su función liberadora de nuestra cotidianidad debe llegar un momento en el que desees regresar a tu casa. La India consiguió este efecto mucho antes de lo esperado. Dicen que un viaje te cambia y es cierto... Aún nos quedan unos días en Mumbai pero supongo que esta será la última entrada de blog para este viaje. Me alegra el interés que ha despertado y os deseo a todos un feliz viaje por este mundo. Namasté.

Agra


Pero lo previsto no ocurre una vez más. Y aquí estamos esperando a otro taxi diferente ya que Visal el conductor de Ola-car apalabrado el día anterior, no ha aparecido. El recepcionista del hotel nos ha buscado otro algo más caro y le estamos esperando. En pocos minutos se arregla el viaje de 5 horas que tenemos por delante, hacia Agra. Cuando llega el primer peaje, nos ponemos a la cola a la altura de un coche que baja su ventanilla trasera, para que una señora evidentemente mareada aparte cuidadosamente el sari de su cara y vomite el desayuno en primer plano. Por el camino vemos una población eminentemente ganadera, un gran mercado de cabras, rebaños de búfalos retozando en las charcas, camellos tirando de carros y mujeres con coloridos saris llevando enormes fardos de hierva sobre sus cabezas. Cuando el conductor detiene el coche para pagar unas tasas de transporte, un señor pelo naranja zanahoria, trae un mono atado y adiestrado seguramente con ese palo largo que llevaba el la otra mano y nos ofrece un espectáculo de cabriolas y trucos. Pagamos unas monedas para que cese el número aún a sabiendas de que esto contribuye a la continuidad de su ... negocio. Cuando César le da una galleta de chocolate al mono su domador le coge la mitad para comérsela él mismo.


(Y sobre lo de la abundancia de falsos pelirrojos. Ni siquiera los indios saben muy bien la razón de esta nueva moda que hace que hombres maduros tiñan sus elegantes canas de este extraño color naranja. Probablemente será por una parte debido a la coquetería, y por otra, por la inmensa diferencia de coste entre la barata henna y los tintes industriales de las marcas comerciales)






Aún disfrutando los placeres de la autocomplacencia del hotel, decidimos “hacernos” con la zona. Estamos cerca del fuerte de Agra así que decidimos “dar un paseo” y para ello vamos armados con el google maps así que tenemos la ruta trazada. No sé cómo descrbir aquel barrio que atravesamos paralelos a una enorme acequia fecal semitapada ...


El fuerte de agra es espectacular  por su tamaño monumental y bello en sus refinados acabados  en mármol blanco. Está construido en su mayoría en arenisca roja en el s. XVI en la orilla del río Yamuna, cuyas aguas llenaban antiguamente el enorme foso. Accedemos por la gigante puerta Amar Singh.












Vistas desde el fuerte del río Yamuna a orillas del cual tambien podemos ver el Taj Mahal.

Te pide otra foto un tío simpático.

















Y cómo no el Taj Mahal, uno de los edificios mas célebres del mundo. Un mausoleo de marmol  blanco, construido en la primera mitad del s. XVII con su jardín para representar el paraíso islámico. Su perfección simétrica producen una percepción como de una visión o un sueño. En su interior rejas de filigrana realizadas en una pieza del blanco mármol y complejos relieves incrustados de otras piedras y piedras preciosas. 




















Una poco de relax. Lo de la fauna en este país es mas que notable. En el hotel nos piden que no tengamos las ventanas abiertas para que no entren los monos. Las ardillas que se cuentan por decenas, escrutan a gran velocidad todos los rincones del jardín con gracia. pero desaparecen. Gritan detrás de nosotros, cuando se acerca con malas intenciones, el gato que merodea por los alrededores y no bajan a comer su ración de galleta, hasta que César espanta al felino. Pero luego llega un enorme cuervo y otra vez se intensifica el coro de ardillas protegidas en las ramas de la gran enredadera del muro del jardín. Coro de pequeños gritos que avisan del nuevo peligro y de nuevo César espanta al enemigo. Las asustadas pero organizadas ardillas por fin aprovechan para recoger el ansiado premio.