Pushkar




Pushcar ha sido como un reposo necesario.
La mañana salio lluviosa ya en Jodhpur. Cogimos un tuc-tuc para salir de la ciudad antigua a la estación de tren, donde habíamos apalabrado un "taxi" o coche de turismo. Estos coches se distinguen por sus matriculas amarillas y hablando directante con ellos podréis organizar sin problema cualquier desplazamiento (regateo obligatorio previo).

Un amable señor conductor nos guió por las carreteras inundadas y con todos desperfectos en el firme y los obstáculos de origen animal imaginables. Los peregrinos siguen andando por las carreteras. Casi siempre en pequeños e incesantes grupos. Otras veces, siguen a un camión que emite música a un volumen capaz de reventarte los tímpanos. Los peregrinos que siguen estas comitivas se entregan a la música o los rezos incluso bajo la lluvia, y algunos parecen extasiados.


Llegamos a Pushkar y la lluvia sigue acompañándonos. Por una calle-carretera sin asfaltar y tras pasar una zona completamente anegada accedemos al Treebo Pushkar Legacy. Un hotel fantástico algo retirado del centro y que nos ha dado un respiro con sus espacios, sus vistas, tranquilidad, limpieza, servicios... Y a buen precio. 


Y con balcón.
 Aprovechamos un corte de luz (habituales en la India) para salir a ver la ciudad de Pushkar cuyo centro neurálgico es el lago que como no, es sagrado. Sus ghats son especialmente bonitos. Para pasearlos hay que hacerlo descalzo y es imposible no tragar saliva antes de quitarse las zapatillas, viendo la cantidad de ganado que hay en la zona...

 Algunas garzas picotean los insectos que rodean a las vacas. Enormes bostas de vaca son picoteadas a su vez por las ansiosas e insaciables palomas que extraen las semillas que contienen en forma de bolitas amarillas. Los de aquí, no dan importancia a algo tan natural. Se divierten con la familia bañándose y se dan sus abluciones rituales mientras se escucha a un sacerdote recitar en sánscrito. Y están tranquilos, con una sonrisa dibujada en su rostro, con los ojos abiertos y brillantes. Hay buen ambiente. No les llamamos la atención. Cuando alguien se te acerca amablemente es para ayudarte, para decirte qué puedes hacer según alguna de sus tradiciones, o para darte unos pétalos de rosa para echarlos al lago para honrarlo.


























A lo largo de todo el Rajastán en cualquier esquina de una ciudad hay templos que honran a figuras que son como nuestras patronas y santos. Pero en muchas ocasiones sus representaciones son a nuestros ojos bastante estrambóticas y no me refiero especialmente a la de la siguiente foto.



Atardece. Atrapados por la humedad de las nubes, en este último valle verde a las puertas del desierto.












En ésta terraza descubrimos ricas cosas para degustar como lassi especial, el local se llama Rainbow y lo lleva un hombre muy afable.










Entramos a tomar un riquísimo zumo de granada y en el sitio reservado para las mesas vemos este pequeñisimo ratón o musaraña? que pronto fue aplastado por los siguientes clientes autóctonos que ni se percataron del asesinato de esa alma!!!

Microratón a punto de reencarnarse.







Una parada cómoda agradable y gente muy amigable. Lo mejor para ponerse las pilas para visitar Jaipur, la capital del Rajastán. Nuestra próxima parada

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