De nuevo en el taxi. Un joven nos dirige a la capital del Rajastán. La autopista es de tres vías para cada sentido pero sigue habiendo ganado en la calzada. Nuestro taxista corre como no nos hubiera gustado. Evita el último pago de la autopista desviándose por una carretera secundaria y da un rodeo para salir de nuevo a la autopista un poco más adelante.
Por la carretera tractores sonorizados y decorados para una fiesta avanzan lentamente. Tras él, lo que parece un montón de hombres en actitud festiva. Pero en el interior de la manifestación las chicas bailan al son de una voz asiática y ritmo acelerado de reguetón, en un espacio delimitado por una cuerda. Los hombres guardan a las mujeres agarrando por fuera la cuerda que delimita el espacio de la desigualdad.
Las mujeres que quieren, en la India, hacen diferentes colas y van en distintos vagones de tren o metro. Mientras los hombres se apachurran de pie en los vagones mixtos, ellas suelen ir sentadas en los asientos o el suelo. Más vale ir sentada en un vagón mixto que de pie en uno exclusivo para mujeres, si es que este tiene todos los asientos ocupados. Cuando estás a punto de comprar algún tíquet después de una larga cola, suele llegar alguna chica lista que sin esperar decide ejercer su derecho de pasarte por delante.
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La, ya casi, rutina de llegar de nuevo a un hotel y de "hacerse con la ciudad" se ve amortiguada al comprobar las comodidades del apartamento. Pero Jaipur es una ciudad grande. Una vez en la calle te ves a la deriva cuando los conductores de tuctúcs te preguntan amable e invariablemente:
-Where are you from?
-From Spain.
Simplificamos contestando con hastío a la pregunta mil veces respondida. El ritual continúa:
-Spain is a very beautiful country. My brother, uncle, friend ...(esto suele cambiar) lives there.
Añadas lo que añadas y derive por donde derive la conversación, no tarda en reconducirla hacia sus intereses al preguntar con simpatía:
-Have you arrived in the city today?
Y esta es la pregunta clave. Si respondes que si, su cabeza sabe los destinos prioritarios de un turista, en la ciudad y comienza a ofertarte los viajes cuyos precios estarán por las nubes en su escala de precios. Cuanto más pardillo estás, más lucha la zorra por incarle el diente al botín. Te hará dar un rodeo por la ciudad para que hables con su amigo "guía" que chapurrea español o intentará convencerte para que vayas a otro destino más lejano. Demuestra algo de carácter o si no hará de ti lo que quiera.
Jaipur, cuando llegamos, nos pareció una ciudad muy limpia hasta que nos tocó recorrer algunos de sus barrios. Las calles de las ciudades del Rajastán están pobladas de hombres (más que mujeres) de color café con muy poca leche (macchiato) algunos con unos impresionantes ojos verdes y otros con un curioso tinte de pelo naranja zanahoria. Jaipur no es una excepción. Sus carreteras son como venas poco fluidas por exceso de colesterol.
En el centro de la ciudad, al norte del Albert Holm museum, hemos visitado el interesante observatorio astronómico del s. XVIII y posteriormente el palacio real y el palacio de los vientos. Todas ellas construcciones muy singulares. Muchos españoles por todas partes, diría yo que más que ningún otro tipo de europeo.
Ya en la tranquilidad del apartamento llega el merecido descanso. Planeamos como hacer las visitas de los alrededores.
Nos centraremos en el fuerte de Amber y en el templo de Hanuman.
Y así prontito llamamos a un OLA-car que por fin nos ayuda, sin discutir, a llegar a los diversos destinos, con un precio razonable (al menos tres veces más barato que cuando te ven el color blanquito de tu piel). Tan bien nos ha parecido que si todo va según lo previsto, este conductor nos llevará mañana a Agra.
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No tengo intención de dar datos intensivos para un viaje sino mas bien ir contando a mi familia y amigos las cosas que me suceden y lo que veo.
Jaipur
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