Algunos días parece que nos levantamos con el pie malo (en mi caso el derecho). El taxista apalabrado se retrasa al recogernos. Encima le echa morro. Con cierta actitud sobrada y pachaneria, no tarda en intentar negociar nuestro siguiente desplazamiento. Por supuesto le damos largas pero al final no nos queda otra que ser cortantes para que nos deje en paz. Ya apalabraremos otro coche.
| La comida ofrecida a Hanuman en un altar del camino es devorada por sus congeneres monos. |
Tomamos una desviación en nuestro camino principal por una peligrosa carretera que nos introduce en el verde y angosto valle de los montes Aravalli. Vamos a visitar el templo de Adinath de la religión Jainista. Esta religión es la más respetuosa con los animales. Llegan a llevar paños cubriendo sus bocas para no respirar ningún insecto y lo hacen por la creencia de que pueden ser personas reencarnadas. En cualquier caso cuando llegamos al templo no podemos visitarlo por qué solo está abierto a sus creyentes y debemos esperar a que terminen sus oficios. Aún nos queda mucho camino por delante así que aunque con pena, decidimos continuar nuestra ruta.
Cruzamos en la carretera con cientos de caminantes que con lo puesto realizan su largo peregrinaje a un templo cercano a nuestra ciudad de destino. Por fin llegamos a Jodhpur, la primera impresión no es mala. El taxi nos deja al borde de la ciudad antigua. Cogemos un tuc-tuc para llegar a la pensión Singhvi's Haveli. Parece que es hora punta y se produce un atasco entre una vaca tres tuc-tucs y unas siete motos. Varios paseantes y una señora también se cuelan. El tuctuc maniobra de un volantazo y está a punto de meter la rueda trasera izquierda en la zanja de la acequia. Todos pitan. Al final los mas grandes organizan una salida mas o menos ordenada y los pequeños se filtran como el agua entre los huecos que van quedando por los lados. El tuc-tuc nos adentra un círculo mas en el averno de Dante. El calor de 45º aviva la putrefacción de algun cadaver de perro y de la basura amontonada por las calles para que la coman las vacas. Nuestro tuc-tuc con nuestro equipaje rebotando, avanza por las bacheadas callejuelas del laberíntico bazar, descrito en nuestra guía como "fascinante y romántico". Las calles se suceden superpobladas de todo tipo de seres vivos y no vivos, altares "singulares" y algún árbol. Llegamos a nuestra morada.
Nos tomó mucho tiempo decidir dónde nos alojaríamos, y la elegimos por su cercanía, las opiniones y sus fotografías. Por si acaso cogimos la suite. Tras cambiar de habitación, hemos de decir que la fotogénica pintura de las paredes de nuestra "suite", esconde toda una serie de deficiencias a las que podemos acostumbrarnos pero que en absoluto se corresponden con la descripción de booking de este no tan barato alojamiento.
Sin ánimo de ser exhaustivo: la "ducha" por parroquias y una mini-tv plana colgada en una ventana-almenilla, que no usamos para que no estallara el chisporroteante sistema eléctrico. Pero no todo es negativo, nos encontramos en el corazón de una alborotada y enigmática Old City y la pensión tiene unas terrazas con vistas formidables de los edificios de la ciudad y de la grandiosa fortaleza de Mehrangarh.
Sin ánimo de ser exhaustivo: la "ducha" por parroquias y una mini-tv plana colgada en una ventana-almenilla, que no usamos para que no estallara el chisporroteante sistema eléctrico. Pero no todo es negativo, nos encontramos en el corazón de una alborotada y enigmática Old City y la pensión tiene unas terrazas con vistas formidables de los edificios de la ciudad y de la grandiosa fortaleza de Mehrangarh.
Aunque el sol aún calienta mucho, hay una agradable brisa que anima a planear a cientos de aves sobre las murallas de la fortaleza. Jóvenes y no tan jóvenes salen a las terrazas y hacen volar con mucha destreza, pequeñas cometas hasta que suben alto, muy alto. Una familia de monos langures, de largas colas, saltan por los tejados de la ciudad. Van robando algo que puedan llevarse a la boca, como las plantas de los vecinos. Aseándose los piojos urden sus relaciones, y persiguiéndose y gritándose demuestran a sus congéneres quién es el que manda en su pirámide social. Estos monos son propios de bosques y selvas, pero han aprendido a vivir y encontrar comida cerca del hombre, de modo que han invadido ciudades, pueblos, templos y todo tipo de lugares humanizados.
Visitamos la ciudad. Las calles son más de lo mismo en lo ya descrito anteriormente. El mercado ambulante alrededor de la torre del reloj se ve especialmente ... "descuidado",pero bellamente iluminado por el sol poniente que se oculta tras el marco omnipresente de los muros de la fortaleza. Hemos pateado mucho. Tomamos unas frías cervezas en un despacho de alcoholes con otros (hombres por supuesto) lugareños que medio ocultan de sus vecinos este vicio tan vergonzante que es tomarse una cerveza.
Al día siguiente las nubes monzónicas ocultan el sol y refrescan nuestras visitas. Primero nos dirigimos al actual palacio del maharajá local. El Palacio Umaid Bhavan creado por el arquitecto del Central Hall de Westminster en Londres, en 1929. Parece ser que en aquella época había una gran hambruna y el maharajá se hizo el chalecito para emplear a la población. En la escueta visita descubrimos que, como la falta de higiene, el respeto por los animales es exclusivo de las clases bajas y no afecta para nada a las cacerías del regente. Pense que las creencias de la religion afectaban a todo el mundo. Las cuestiones de religión parecen estar creadas para beneficio de algunos. Hay algunas otras colecciones alucinantes como la de relojes y la de coches antiguos. En los alrededores del palacio viven también las familias más favorecidas de la ciudad.
Para terminar visitamos el impresionante fuerte de Mehrangarh, el fabuloso y restaurado palacio intramuros y el museo, considerado el mejor museo de palacios de los muchos que hay en Rajastán. Nuestra audioguía nos lleva por las estancias de las mil y una noches y va narrándonos algunas de las mil y una las historias que protegieron aquellos muros y y que ocultaron aquellas estancias.


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