Pues si, ayer dejamos esta ciudad que tanto nos ha gustado. No es que sea (en lo que hemos visto) una ciudad muy moderna, o muy cómoda. No es que tenga una gran vida nocturna (el gobierno cierra los locales a las 12 de la noche incluso en sábado) aunque la picaresca de los hanoitarras esquiva con cierta facilidad a unos policías que miran para otro lado.
Que celebra sus fiestas familiares en carpas instaladas en plena vía pública bajo las incesantes tormentas y el constante y ensordecedor sonido de los miles de cláxones de los incontables vehículos.
Concluyendo, una ciudad que no poseyendo grandes o pretenciosos atractivos sin duda da gusto contemplar. Solamente sentarse en cualquiera de sus miniterrazas para tomar preferentemente una magnífica y barata cerveza de barril Bia Hoi, nos da la oportunidad de observar a sus habitantes que no solo parecen adolescentes por su baja estatura sino por su vitalidad y energía.
Siempre montados en sus motos yendo y viniendo sabe Dios a dónde.
Aprovechando cualquier momento en su ocio laboral para seguir disfrutando de cualquier actividad, riéndose con sus compañeros o compitiendo con ellos.
Pero el viaje continúa ya estamos en la siguiente estación Danang, en el centro de Vietnam. Ya os adelanto que la cosa no ha comenzado muy bien, pero eso será tema de la próxima entrada.
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