Lo que para muchos viajeros es el primer destino vietnamita, es para nosotros el último. Nos dirigiremos después a Camboya para visitar los templos de Angkor. Pero vamos por partes. Saigón mas que una ciudad es una provincia entera. Por Internet buscamos un Hotel del centro, detrás de la ópera, en el Distrito 1. Nuestra primera visión de la city es la de una ciudad occidental. Edificios occidentales, grandes hoteles, vietnamitas de estatura occidental, moda occidental ... turistas occidentales pero sobre todo ... japoneses. Los vietnamitas que te atienden hablan un correcto inglés y se horrorizan ante el nuestro. Restaurantes y comercios para japoneses. Caros taxis. Putas para japoneses. Precios desorbitados, mas caros que en París. ¿Dónde está el Vietnam que hemos conocido hasta ahora?.
Nos cuesta adaptarnos. Pero a la mañana siguiente ya tenemos el plan hecho. Veremos los principales puntos de interés de la ciudad. Tras arreglar unas gestiones sobre nuestros próximos vuelos, improvisadamente, tomamos unas motos con conductor. Conductores vietnamitas. Enseguida nos resituan. Es facil entenderse con estos humildes conductores. Está claro. Existe un Vietnam de alto estanding en Saigón. Una ciudad para turistas adinerados. Es una micro-ciudad de alto nivel dentro de la macro Saigón que pronto descubrimos y que se mueve en unos parámetros mas conocidos. Subidos en la moto, recorremos otras zonas de la ciudad. Ahí está, es el Vietnam que vimos en Hanoi, en Danang, en Hue ... Desde luego es el Vietnam que nos gusta, en el que nos encontramos mas cómodos.
Pero Ho Chi Ming City, nos da enseguida otra muestra de su inmensidad. Montados en la moto, recorriendo las inmensas avenidas, nos sumergimos mas que en ningún otro lugar del país, en el océano del tráfico. Millones de motos (no es ninguna exageración) recorren a cualquier hora del día, las calles. Motos, motos, motos y mas motos. Se hace difícil viajar como paquete sin intoxicarse con los humos escupidos por los tubos de escape.
Nuestra primera parada es la Pagoda del Emperador de Jade, mas que una pagoda, un templo a nuestros ojos. Pero no un templo mas, de los innumerables templos que hemos visitado,muchos de ellos no aparecen en estas páginas, pero este realmente nos ha impactado. No sólo por el fervor de los visitantes que realizaban continuas e intensas ofrendas a sus dioses. El humo de sus inciensos te ciega e intoxica mas aun que los tubos de escape. Las tortugas y los pájaros se sueltan continuamente en el recinto para favorecer la suerte de los donantes. Pero las figuras de estos aterradores dioses son inmensas y las escenas representan los infiernos y los pecados. Continuamente, aquí y allá se realizan diversos rituales en los que el agua, el humo o el fuego son protagonistas. Es como el pasaje del terror. No es coña.
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A la salida del museo unas orquídeas gigantes intentan aliviar nuestra impresión sin conseguirlo del todo.
Ni tampoco lo consigue la catedral de Notre Dame construída por los anteriores invasores franceses.
En fin. Los vietnamitas de a pie parecen haberlo superado. Nosotros también continuamos relatando lo que mas impacta en las calles de Saigón.
Una parada en el barrio de Cholon (el barrio chino). El mercado es ... es el mercado mas impresionante que hemos visto en nuestra vida. En el interior del edifico el aire es irrespirable. El calor humano, la humedad, el sudor de los transportistas. La cantidad de mercancías te obliga a saltar por encima de los paquetes en los estrechos espacios que quedan entre los infinitos comercios. El mercado de Estambul o cualquier otra ciudad que hayamos visitado es incomparable. Los mareos nos asaltan. Tenemos que escapar. Es inhumano.
Pero al salir a las calles hay otra realidad que impacta. Motos, motos, motos, motos, motos y mas motos ... Vietnam es el país de las motos, pero después de llevar casi un mes recorriendo el país, la cantidad de motos que recorren las calles de Saigón nos impresiona a cada instante. Salen de cualquier parte y van en cualquier dirección. Saltan los semáforos, van en dirección contraria, invaden las aceras. Se agolpan a millares con sus motores encendidos intoxicando la atmósfera de esta capital.
Uno parece que se acostumbra, e incluso atraviesa el banco de motos. Al cruzar la calle, no sabes cómo, pero resultas ileso en la acera contraria para visitar otro templo en el que los fieles se apresuran a quemar ingentes cantidades de sacas en las que se guardaban los papeles de Bárcenas. Cuando pensabas escapar de la polución de las calles, al entrar en los templos, te intoxicas con los incendios que se provocan a sus puertas o con las cantidades de varas de inciensos que se queman en sus paredes o en hornos interiores. Son exagerados hasta para eso.
Y al salir, mas motos...
Y mas templos y mas inciensos ...
Volveremos a esta frenética ciudad en siete días. Hay en ella millones de rincones por descubrir. Pero los próximos los pasaremos en Camboya. Un saludo a todos los que nos habéis animado a seguir con el blog con vuestros comentarios y hasta la próxima entrada.
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