Tras un recorrido corto en coche desde Danang, llegamos a Hoi An, un pequeño pueblo a nuestros ojos, en el que hemos pasado tres días mas que agradables. Hemos caído en el hotel Hoian Glory Hotel & Spa, que por alrededor de 32 € ha cumplido con creces nuestras expectativas, gran habitación con amplias comodidades incluída una preciosa y relajante piscina. las vistas rurales a los arrozales y de fondo las islas mas allá del mar. ¿Se puede pedir mas?. Es caro el avión para venir a Vietnam pero una vez en el país el dinero rinde mucho, por algo se acuño la expresión "lujo asiático".
Hoi An, declarado, como casi todos los lugares de nuestras visitas, patrimonio universal, está lleno de pequeñas casas que se remontan hasta mas de diez siglos atrás reconstruidas con esmero tras las dferentes invasiones, se pueden visitar y desde luego demuestran la herencia china de los pobladores del país. Nos recordó muchísimo a Pingyao en nuestro anterior viaje a China. Es cierto que en el caso de Hoi An, existe un gran turismo occidental que hace que el pueblo esté intensamente dedicado al comercio, de ropa especialmente pero tambien de cerámicas, de recuerdos y de baratijas de todo tipo. No nos han pillado inspirados en esta ocasión y poco hemos picado, ya que sin el arduo esfuerzo del regateo nos ha parecido que no se correspondía correctamente la relación de la calidad que se ofrecía con el precio exigido.
Hoi An tiene también un colorido mercado local lleno de productos frescos, es especialmente movido y muy auténtico.
En unos minutos en bicicleta te plantas en la playa. Una vez superado el primer momento de pánico al incorporarse al loco tráfico vietnamita uno descubre que se puede navegar en la maraña de motos en medio del caos. Todo el mundo conduce despacio, pendiente de los demás, pitan y pitan para marcar su posición ... En fin una experiencia que no se puede explicar. La playa es fantástica. El sol abrasa incluso aunque haya nubes.
Por la noche Hoy An ofrece otro espectáculo de luces muy especial. Los farolillos están a cientos, por todas partes y los hay de todas las formas y colores. Son realmente preciosos y hacen con ellos cosas muy creativas. Otra de las costumbres que practican es colocar en en el río velas en barquitos de cartón. Oooohh! Qué potito...
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