Llegamos a Hue.
Cuando uno llega a un lugar siempre este lugar le produce una sensación buena o mala. En ocasiones la primera impresión es equivocada y está relacionada con las experiencias iniciales que recibe. Pero ese primer pálpito suele ser una sensación que se va reafirmando según se vive ese lugar.
El hotel Moonlight que habíamos contratado por Internet es impresionante. La habitación es ... no hay palabras, ... posiblemente la mejor que tengamos en el viaje.
Por los 32 € que nos llevan costando todos los hoteles, este además de lo que se ve en la foto, dispone en las habitaciones de hidromasaje, televisión inteligente de última generación con Internet,terraza ... , los desayunos, el personal... Bueno del fantástico personal hablaré en la próxima entrada porque nos ha dado mucho juego.Y las vistas desde el piso once sobre la ciudad y el bello río del Perfume ...
Éste fué nuestro primer pálpito inmejorable sobre Hue y las experiencias que cuento a continuación no hicieron mas que mejorar la impresión que nos dieron la ciudad y sus ciudadanos.
Salimos a la calle, anochece a las 18 h. la ribera del río se ilumina. Uno de los locales construido en el río tiene forma de flor de loto y cómo no, va cambiando de color.
La gente local se agrupa en un animado mercado festivo que comienza debajo del puente.
Desde el puente tenemos vistas privilegiadas sobre los variopintos productos de los improvisados puestos ambulantes. Además de los típicos puestos de ropa, complementos, maquillajes, ... restaurantes de pescados y extraños mariscos. En este puesto, en concreto, encontramos todo tipo de verduras encurtidas. La variedad es impresionante. Los colores y los olores saturan nuestros sentidos.
Por la mañana nos dirigimos a la Ciudad Prohibida de Hue. Por el camino encontramos puestos de venta de plantas productivas y ornamentales, entre ellas las bellas orquídeas
Nada mas entrar en el recinto amurallado una compañera, profesora vietnamita, nos pide que charlemos con sus alumnas para que practiquen el inglés. ¡Qué infeliz!. Pero no nos podemos negar. A las niñas les puede la vergüenza y las animamos nosotros mismos. Acaban cantándonos dos canciones para nuestro deleite.
Hue fué la capital de Vietnam en el s. XIX. Lon emperadores de la dinastía Nguyen crearon una bella ciudadela y palacio amurallados, conjunto destruido en gran parte por los franceses a finales de ese mismo siglo. Lo que quedó de ella sufrió una segunda etapa destructiva por parte de los estadounidenses en la guerra de Vietnam. La crueldad de esta guerra no contaré aquí pero entre otros actos de extrema inumanidad, los norteamericanos llegaron a rociar completamente la ciudadela y el palacio imperial de napalm. Con estos antecedentes se puede comprender que amplias zonas intramuros parezcan verdaderos descampados a pesar de los trabajos de recuperación. Sin embargo, actualmente y después de compararla inevitablemente con la mas conocida Ciudad Prohibida de Pequín, hemos de decir que la visita lejos de desmerecer en absoluto nos sorprendió muy gratamente.
La tranquilidad que se respira entre estos muros está muy lejos de la vorágine turística pequinesa. La amplitud, los jardines, los lagos y sus puentes, los rojos edificios reales, el "mobiliario urbano", los largos pasajes , la ópera, las puertas de acceso de las murallas, los dragones, los bonsais, ...
Y a la salida, el museo donde se exponen los tanques, helicópteros, aviones y demás artillería pesada empleada y perdida inútilmente por los EEUU.
En contrapunto, un restaurante cercano celebra una boda con gran alegría y boato. Como anuncio de la felicidad contractual, una pequeña compañía de jóvenes hace cobrar vida a dos dragones con agilidad circense.
De vuelta al hotel, nos quedamos impactados. A través del ventanal de la habitación observamos cómo el abrasivo sol que durante el día nos ha hecho correr de sombra a sombra, para no perder la piel ni la cordura, al atardecer incendia ante nuestros ojos la ciudad de Hue. El espectáculo es sobrecogedor.
Al día siguiente nos dirigimos al mercado que se sitúa a orillas del río del Perfume. Poco diré de esto ya que en entradas anteriores ya he descrito las sensaciones y la vida de este ritual que podemos encontrar todas las mañanas en cualquier pueblo o ciudad vietnamita y que por otra parte no podemos dejar de visitar. Siempre cae algo, una nueva fruta por descubrir, un regateo por unas sandalias o por una camiseta que sudaremos esa misma tarde. Todo ello nos trae a un tiempo risas, complicidad y cierto estrés.
Recorremos las orillas del rio del perfume a la búsqueda de un nuevo templo, bajo el intenso lucero que incendia ahora nuestras neuronas. Los vietnamitas protegidos por su sombrero secular, lavan la ropa en sus orillas, secan sus inciensos, pescan, o marisquean enormes almejas verdes cerca de colectores de aguas residuales. No sabremos a ciencia cierta si esos manjares pasaran por algún tipo de depuradora, así que eliminamos los bivalvos de río de nuestra lista de cosas nuevas a probar.
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