Desde el mismo hotel nos facilitan un “taxi” (160 soles) para dirigirnos a nuestro destino final Ollantaytambo, pasando en el camino por
algunos de estos lugares emblemáticos.
Chinchero, a 3.772 metros sobre el nivel del
mar, es “la cuna del arcoíris”. Los habitantes de este valle siguen hablando el Quechua, la lengua de los Incas.
Continúa la ruta con un paisaje abrumador. Desde una alta llanura se divisa el fondo del Valle sagrado.
En estas fechas se celebran las ofrendas a la madre tierra ya que comienza el ciclo agrario, con el arado y el cultivo de las tierras. En Moray los Incas construyeron lo que para muchos científicos son laboratorios para estudiar el cultivo de muchas variedades agrícolas, considerando las diferencias de altitudes, grados de exposición al sol … y para ello modelaron los valles construyendo estas inmensas estructuras circulares.
Un trayecto en el coche, corto pero accidentado, nos lleva a otro ejemplo de ingeniería. Aprovechando la salinidad del agua que sale en las empinadas laderas de una montaña, los Incas construyeron piscinas para secar el agua y obtener la preciada sal. Cada piscina tiene sus conductos de distribución del agua. Los canales se llenan de blancas formas creadas por la cristalización de la sal del agua.
El último tramo de coche, nos introduce en las partes mas profundas y estrechas del valle.
Las infinitas paredes verticales sirven ahora para colgar hoteles para los locos de la escalada.
Llegamos a un estupendo hotel en Ollantaytambo. Nuestra ventilada habitación tiene un balcón desde el que se domina un precioso paisaje.
Visitamos el impresionante yacimiento arqueológico pero un trágico olvido nos obliga a plasmarlo con el móvil. Aquí los Incas tuvieron su mayor victoria sobre los españoles. Una impresionante fortaleza con terrazas talladas en la roca albergan El templo del Sol, el salón Real y los baños de la princesa. Impresionante mampostería, monolitos alineados, dinteles rellenos de bronce fundido…
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