De nuevo en el autobús, no tan cómodos, haciendo el trayecto de Arequipa a Puno. El bús
petado. Bonitos paisajes. El viaje se hace largo. Detrás de nosotros viaja una
madre con su niño. El pobre no parece que tenga más de tres años y tiene mucho
aguante. Formal, no se queja, apenas se mueve, pero no es el lugar adecuado
para él. A las seis horas, ya de noche, parece que no llegaremos nunca. Cuando
ya nos acercamos a Puno la madre no sabe que mas artimañas utilizar para apaciguar
al pequeño que había pedido caquitas ya hacía rato. Primero vomitó. El olor era
intenso y el camino lento y con muchas curvas. Luego vomitó la madre. El niño
se cagó. La madre lo mantuvo lo más quieto para que la peste no se removiera.
Por fin llegando al pueblo, el hijito volvió a vomitar y a cagarse… Llegamos.
A la mañana siguiente fuimos al puerto y
cogimos un barco con guía que nos llevó a ver las islas flotantes de los Uros.
Es la excusa perfecta para navegar por el lago Titikaka que con sus 3.800 m de
altitud, es el lago navegable más alto del planeta.
| Tragos dignos de un tres estrellas Michelin. |
Otro cómodo pero largo viaje para ir de Puno a Cuzco. Una parada a mitad del camino, para ver unas impresionantes vistas. La aridez del terreno parece ir desapareciendo poco a poco. Poderosas montañas sobresalen en la llanura de la pampa peruana.
Estaremos solo hoy en Cuzco, luego iremos a ver el Valle Sagrado de los Incas y de regreso podremos ver Cuzco con más detalle. Pero la buena impresión que nos ha dado hace que ampliemos nuestra futura estancia aquí.
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