Sur de Baviera



Nuestro alojamiento está en el lago Hopfensee. Lo hemos elegido por su cercanía a Füssen el pueblo donde está el castillo de Neuschwanstein. Haremos base aquí para otras visitas. A nuestra llegada pronto apreciamos que no es un lago mas de los muchos que ya llevamos vistos. La cercanía de los Alpes se refleja en la quietud de las aguas pintada al pastel. Nuestros ojos parecen no abarcar la belleza del paisaje. Es sin duda uno de los grandes aciertos de nuestro viaje. Lo que nos quedó de día lo pasamos disfrutando pasmados por el lago y su paisaje. Lástima que decidiéramos darnos el baño al día siguiente, como tantas veces nos decimos: hay que hacer las cosas en el momento que surgen, puede que en otro momento las circunstancias hayan cambiado y ya no sea posible. En nuestro caso, al día siguiente el tiempo empeoró y el baño no se produjo. 











Hoy tenemos la agenda muy completa ya que hay que ver muchas cosas interesantes. Para empezar una de las visitas mas icónicas que se pueden hacer en el país es visitar el castillo de Neuschwanstein (y el de Hohenschwangau). Por ello sabíamos que la afluencia de visitantes era alta. Leímos mucho sobre cómo hacer la visita. Las entradas se pueden reservar por adelantado hasta dos días antes de la visita, pero el procedimiento nos pareció demasiado farragoso. Así que poco antes de las 7.30 nos plantamos en las taquillas (cerca del castillo de Hohenschwangau). A esa hora abrían las taquillas y ya había gente a la cola. En el momento de apertura de taquillas la cola era ya considerable y el control alemán fue sumido en el caos. Como si fuera el primer día de rebajas, la gente se coló indiscriminadamente. A pesar de todo conseguimos buenas horas para la visita de los impresionantes castillos y su visita estaba bien organizada y resultó agradable. 

Justo donde comienzan a elevarse los Alpes sobre una inmensa y fértil llanura salpicada de lagos, construlló Luis II sus castillos para el retiro. En ellos dió rienda suelta a su pasión por el arte, el teatro y en especial a Richard Wagner de quien fue mecenas toda su vida. R. Wagner escribió tras conocer al rey: "Por desgracia es tan bello y genial, magnífico y con tanta alma, que temo que su vida se desvanezca como un fugaz sueño divino en este mundo tan malvado". El castillo fue creado a partir de bocetos de las óperas de Wagner y con un escenógrafo como mano derecha para dirigir el trabajo de los arquitectos, en la intención de crear la mas bella y legendaria fortaleza de centroeuropa. Todos los detalles fueron cuidados al máximo. En su interior la rica decoración y las pinturas  están plagadas de referencias principalmente a Lohengrin y Thannhäuser. Como Wagner vaticinó la vida del sensible monarca terminó abruptamente y en circunstancias no aclaradas.

















Dejamos a Luis II y sus locuras para visitar la colosal iglesia de Wies ("iglesia en la pradera"), esta joya del rococó bávaro tiene un interior extraño en su planta central ovalada que da pié a un delirio formal exuberante. Esta obra maestra de Zimmermann es un perpetuum mobile de volumenes llenos y vacios, decorados y tranpantojos.







El religioso pueblo de Oberammergau está muy animado a pesar de que amenaza tormenta. Sus casas pintadas con escenas de la Pasión son el motivo de nuestra visita.










Cuando regresamos a nuestro lago amaina la tormenta para ofrecernos otros cuadros, con otros colores.






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